Y de repente en mi divagar diario y continuo, el que me lleva a estar horas ensimismado con la misma página de apuntes, encuentro un fino sendero “lógico”. Consigo hilar una serie de situaciones, ínfimamente probables, pero no imposibles, e ahí donde radica la fuente de la falsa tranquilidad que no hace otra cosa que dar alas a mi malograda esperanza. Mi mente “racional”, guiada y cegada por mi corazón consigue dar, de alguna manera, un sentido sin sentido a toda esa colección de despropósitos, ensambla todas las piezas y las encaja a martillazos.
El fin último, siempre, de ese intrincado antirrazonamiento no es otro que, partiendo de una situación a priori normal, conseguir volver a tener sus ojos a escasos centímetros de los míos…
…Es morfina que me proporciona mi cerebro y me ayuda a sobrevivir 24 horas más…
octubre 14, 2009
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